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Posts tagged ‘zalologia’

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Becarios, pedir ayuda y la letra “a”

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La fábrica empieza a vaciarse lentamente a medida que se acercan las ocho de la tarde y, por lo tanto, las oficinas empiezan a encontrarse a oscuras. Mientras tanto en la especie de atalaya en donde se encuentra la mesa en donde estoy, rodeado de papeles y cacharros, todavía hay luz y salvo imprevisto la seguirá habiendo hasta las once. More…

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Veranito, las rebajas y las siestas interminables

Hola a todo el mundo.

Es lunes, es julio y es verano. Lo sé por el calendario, que si echas la patita fuera hace un fresquete que pela. De hecho hoy he salido de casa con chaqueta y todo. Y eso que yo soy bastante caluroso.

De todos modos esto del calor es como el IRPF. ¿Qué no? Pues ya veréis en septiembre cuando nos toque la devolución térmica y nos asemos todos preguntándonos porqué narices no habrá hecho esa temperatura en julio o agosto. Si llevamos un par de añitos así y, al ritmo que vamos, acabaremos celebrando la navidad en bermudas y bikinis. Tiempo al tiempo. De hecho en Portico y tiendas afines llevan años ensayando y cada vez ponen los artículos de navidad más cerca del verano. Este año toca a primeros de octubre, y a la que te descuides estamos cantando villancicos en las fiestas de San Roque (15 agosto, para los despistaos).

A mí este año me da un poquillo igual: Ya he disfrutado lo que tenía de vacaciones: 4 días. Sipi. Me he pegado una panzurrada de tiempo libre de las que hacen historia. Y he dormido mucho. Bueno, lo primero no, pero mereció la pena igualmente por lo segundo, que sí. Yo ya iba con intenciones de dormir algo más  de lo habitual que suele ser poco, por aquello de recargar las pilas y recuperar el sueño perdido durante estos seis meses del año… pero creo que algo hizo “clic” dentro de mí y se pasó un poco.

Para que os hagáis una idea, hubo un día que me levanté a eso de las dos y media de la tarde, comí, y cuando me disponía a hacer la cama… algo me atrapó desde la misma que, oye, tuve que tumbarme y, claro… dormí hasta las ocho. Después cené. Vi la tele y un par de capítulos de algo ¡¡y seguí durmiendo!! Por momentos pensé en convertirme en discípulo de @toayita (los que tengan twitter y la sigan ya saben de qué hablo). En fin.

Pero ahora, en este preciso momento… joer cuanto extraño mi cama.

El motivo de que solo tenga cuatro diícas de vacaciones es que ahora voy a dar soporte desplazado a otra fábrica y el contrato con mi empresa es del 1 de julio al 31 de diciembre, así que en cuanto se confirmó cogí todos los días que pude antes del día 1. Vamos, que cogí 4 días. Y en esas rondaduras ando ahora mismo. El caso es que mi “jefe” está totalmente desaparecido. Y yo ya no tengo tarea. Me he leido la documentación que me ha dado treinta y cinco millones de veces (por lo menos). Odio no tener nada que hacer.

Por lo que he podido ver, esta fábrica es muy similar a la otra (forman parte del mismo grupo empresarial) pero con mucho menos glamour. Aquí es todo igual pero menos: Todo es igual de blanco, pero menos blanco. Todo es igual de nuevo, pero menos nuevo –vamos viejo–. Todo es igual de organizado, pero menos. Y lo mas curioso: la fábrica está dividida en dos partes ¡¡con una carretera por el medio y medio!! así que como vayas despistado igual acabas debajo del camión de la basura.

En fin, ahora en serio. Me encanta “aterrizar” en sitios nuevos, aprender nuevas tareas y nuevas maneras de hacer las cosas. Aprender nuevas tecnologías (aunque sean viejas) y crecer profesionalmente… pero, pero… ¡¡ahora mismo no tengo nada que hacer!!

Vamos que me aburro.

 

Cambiando de tercio: ayer fui de rebajas.

Sí. Yo solo iba a mirar, pero al final acabé gastándome casi cien pavos. Bueno, realmente fueron ochenta y algo, pero como cada vez que lo cuento le subo cinco euros por eso de la inflación y tal, pues en cien leuros estamos.

Lo que me llamó la atención es que aquellos lugares son discotecas en potencia. Están llenos de gente a reventar, la música es chunda-chunda del malo y está a toda pastilla y la gente anda como loca apiñada una sobre la otra… y las chicas que trabajan allí están de buen ver. Vamos como una discoteca. No hay alcohol, pero igualmente hay gente enajenada que te fulmina con la mirada si osas poner tu zarpa encima de la prenda que desean.

En serio. Hubo un momento en que me agobié de veras. No me gustan nada los apelotonamientos de gente a mi alrededor. Necesito mi espacio vital, poder respirar y alguna vez hasta poder caminar. Por eso mi cerebro para esos temas se adaptó y es de ideas fijas: Localizar un Zara, entrar, ver, comprar, salir pitando. Pero cuando vas acompañao y tienes que entrar en las de tías, ya es otro rollo. En fin. El sufrimiento mereció la pena. Tengo ropa para todo el veranito, septiembre incluido.

Y vosotros qué tal ¿de vacaciones ya? ¿y de rebajas?

 

PD: Ya sé que el post es cortito, pero me estaba agobiando el hecho de no haber publicado nada ultimamente, así que ale. Conformaos hasta que escriba otro :) )))

 

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El valor, cochambrosidades y cómo organizar un picnic

Reza un famoso dicho que “una imagen vale más que mil palabras”, el caso es que para los últimos y recientes acontecimientos creo que no tengo ninguna imagen que los describa adecuadamente, así que buscaré mil palabras.

Comenzamos la narración con una pequeña historia…

Era un hombre valiente. De los de antes. De los que tenía miedo de las cosas, pero aún así seguía adelante. Estaba sentado en la orilla de la cama con los brazos apoyados sobre las cansadas rodillas y la mirada perdida en la lejanía mientras un cigarrillo se consumía entre sus dedos. Absorto en sus pensamientos, repasando mentalmente cómo debería afrontar los sucesos que pronto acaecerían. Pronto. Muy pronto.

Recordaba como había ido superando todos los obstáculos que se le habían plantado frente en las últimas fechas, desde criaturas enfurecidas al otro lado de las líneas enemigas hasta resolver complejos problemas de logística y abastecimiento. Su rostro dibujó un gesto contrariado, observó el reloj y lamentó no disponer de algo más de tiempo.

Instantes después mientras el aplastado cigarrillo iba muriendo lentamente en el cenicero el hombre se puso manos a la obra intentando seguir todos los pasos que había repasado una y otra vez.  Recogió del suelo la cesta en la que transportaría los objetos de su misión y los empezó a introducir uno a uno en ella. Lo hizo en silencio, con la mirada de aquel que tiene miedo, pero que afronta los hechos con toda la entereza que puede aunar en su interior.

– Esta vez tiene que salir bien — se repetía mientras continuaba introduciendo elementos en la cesta. Se había enfrentado a una situación semejante en el pasado. Dos veces. Y en ambas ocasiones salió derrotado, huyendo herido del campo de batalla.

Sonrió melancólicamente al recordar la primera vez. Su enemigo se había revuelto tanto que había logrado romper parte de la instalación del edifición y derramar un torrente de agua sobre él. Cuando se quiso dar cuenta torrentes de agua lo arrastraban todo convirtiendo el suelo en un fangoso lago en la que afloraba su frustación por la derrota como las espinosas zarzas en un monte, mientras, al fondo, su rival le mantenía una mirada desafiante con la triunfal sonrisa del que casi es alcanzado.

Paso mucho tiempo hasta que lo intentó de nuevo.

Había planeado su venganza con paciencia: no dejaría nada al azar. Atrancó a su objetivo de manera que no pudiese moverse del lugar por mucho que se revolviese, se aseguró que no podría afectar a la infrasetructura del edificio repitiendo el plan de huida anterior. Realizó las operaciones con presteza y velocidad evitando todo tiempo de reacción por parte de su némesis particular. Y lo consiguió. Por un instante doblegó a la bestia y consiguió que ésta hiciese lo que él deseaba. Pero cuando bajó la guardia, la bestia prefirió morir a ser doblegada. Nunca supo qué fue o cómo lo hizo, pero cuando se quiso dar cuenta la maquinaria que lo rodeaba empezó a emitir queijos metálicos que pronto comenzaron a sonar como un fuerte granizo impactando sobre el acero. Instantes después un fuerte golpe y el cruel sonido del metal arrastrandose violentamente sobre el acero fueron la señal inequivoca de que la bestia había muerto.

Segundos después tan solo silencio.
Esta vez lo lograría o moriría en el intento. Cargó la cesta en los brazos y se dirigió al lugar en donde se desenvolvería la batalla. Avanzó con pasos firmes y decididos intentando engullir el miedo que sentía en su interior. Instantes después abrió la blanca y anodina puerta que confinaba a su rival. Ahí estaba. Blanco, acerado, frío y deseando desbaratar una vez más su intentona como su hermano había logrado en el pasado.

Él se acercó, con velocidad abrió sus compartimentos, introdujo el material que había traido y derramó sobre él un complejo compuesto químico que le ayudaría en su misión. Bloqueó nuevamente el movimiento de la bestia y se aseguró que el proceso no fuese demasiado apresurado para evitar perder el control sobre ella y perder esta presa también.

Introdujo con manos temblorosas el código de activación. El cuatro. Siemrpe se preguntó porqué nunca empezaban en uno aquellas cosas. Cerró las tapas con velocidad y en cuanto se vio libre se alejó de un salto hacia atrás, tan fuerte y desesperado que se golpeó con una silla que se encontraba tras él.

Encendió otro cigarrillo con la mirada fija en aquella máquina que le había causado tantas frustraciones en el pasado y que, esta vez sí, había logrado domar.

Un par de horas más tarde, visiblemente cansado, pero con una sonrisa triunfal en los labios, el valiente protagonista de esta historia consiguió tender la colada que, esta vez sí, había logrado poner con éxito.

 

Pues sí, cómo sabeis la mayoría de vosotros, lectores míos, este pasado mes de abril me he independizado al fin. Ahora soy un chico de provincias en la gran ciudad, compartiendo piso en el mismísimo corazón de la urbe. Para cualquier ser humano (donde ser humano es cualquier miembro del conjunto “humanidad” sustrayéndole el subconjunto “yo”) no supone demasiado. Para mí es todo un reto: organizarme, hacer la comida, ordenar las cosas, cumplir con las tareas asignadas del piso, limpiar, hacer la compra, ver donde se van los leuros, …vamos un merequetengue. Pero había conseguido solucionar todas y cada una de las tareas necesarias para mi supervivencia, pero evité la lavadora hasta que, claro, llegó el día en que no tenía calcetines… ni camisas… ni pantalones…, y no me quedó otra. Había tenido dos sustos que, creedme, son fieles a la historia que os acabo de narrar a excepción de las licencias literarias que me he tomado.

La primera lavadora que puse fue en mis tiempos de facultad. Puse la lavadora y me fui a clases con la esperanza de que, al volver, la lavadora estaría lista para ser vaciada. Iluso de mí. Se ve que la lavadora tenía una pata coja y al centrifugar le entraron ganas de darse una vueltecita por la cocina. Cuando llegué a casa, la lavadora había salido más de un metro de su lugar original y claro, el tubo flexible del desague iba empatado –que no sellado–, se desmangó y desaguó en el suelo de la cocina.

La segunda vez, algún tiempo después, puse otra. Calcé la pata para que no volviera a caminar y la puse a funcionar. A mitad de centrifugado se partió el eje del tambor que empezó a rodar sin control dentro de la caja. Imaginaos el ruido, pensé que se venía el piso abajo. Hala, segundo intento fallido.

Pero esta vez funcionó. Minipunto para mí. :)

En fin, en otro orden de cosas y siguiendo por el palo de mi reciente independencia, pronto dejaré la habitación “cochambrosa”, apodo aportado por miki ante la falta de comprensión ante el “arte” que el anterior inquilino dejó en la pared, para pasarme a la de al lado. Es que R se va del piso, que está quemado con el casero –que pasa un huevo de todo– y mil detalles más. Lo cierto es que le voy a extrañar, es un buen tío y su perro –llamado Philip J. Fry– me cae de maravilla. En fin, por lo menos heredo una gran habitación.

Y por último, el tutorial paso-a-paso de “cómo organizar un picnic” en 3 horas:

1) Recibir llamada de la creadora de la idea. Comentar las cosas, cómo hacer, a quien llamo primero, reparto de comidas, etc.

2) Llamar al Breo. Hablar con él. Que qué se va a hacer, donde y como. ¿Pero va a llover? Pues en mi casa entonces. Ah vale.

3) Llamar a Rosy otra vez. Recibir llamada de Breo mientras tanto. Poner a Rosy en espera

4) Breo: que ellos no van, que van a la fiesta del pueblo que hay papeo y marchita después. Que sería guay ir todos, pero a ver qué opina el Miki.

5) Cuelgo a Breo, recupero la llamada de Rosita. Explicarle lo de Breo.

6) Llamar a Miki. No coge.

7) Llamar a Miki. Explicarle el plan original, explicarle lo de Breo. Que no se moja, que nos aclaremos y le digamos.

8) Llamar a Rosy. Decirle que a Miki le va bien cualquier cosa siempre que estemos juntos. Que vuelva a llamar a Breo y a ver que dice.

9) Llamar a Breo. Decirle que la idea era no gastar pasta, que es fin de mes, y que no nos molaba estar en la fiesta con todo petado de gente. Que a Rosita y a mí nos hacía mucha mucha mucha ilu. Que hablará con Lore porque habían medio quedado también con otra gente. Cuelgo y espero.

10) Me llama Rosy, que si he hablado con Breo, le digo que sí y que estoy esperando a ver si me llama. Me llama Breo. Pongo, otra vez, a Rosy en espera.

11) Breo me dice que habían medio quedado con los otros, pero que daba igual que sí. Pero que daban mal tiempo para el sábado. Pues comemos todos juntos en mi casa. Ah ok. Cuelgo. Recupero la llamada de Rosy

12) Rosy, que sí, que se vienen. Que no hay fallo. Luego llamo a Miki. Cuelgo

13) Me llama Breo de nuevo. Que si dan plantón de nuevo a sus colegas, los matan. Así que si porfis porfis porfis podía mejor en lugar de ser un picnic a medio día, podía ser un picnic por la noche, y en lugar de picnic en mi casa.

14) Llamar a Rosy. Que no hay fallo.

15) Llamar a Breo. Que guay, que sí. Que traigan tortillas.

16) Me llama Miki. Que tiene otra idea. Que no Miki, que no. Resumirle los 15 puntos anteriores. Que guay, que quedamos en el piso y si pueden venir dos amigos más.

17) Llamar a Rosy para decirle como está el panorama.

18) Me llama Breo que si puede apuntarse también otro colega que no tiene plan y se quedó solo. Sin problema.

19) Me siento en la terraza. Enciendo un cigarrillo. Llamo a Rosy, 3h después del punto 1, y le cuento qué a ver si todo el mundo se hace una cuenta de Twitter y así se debate en comandita todo y yo me dedico a otra cosa que no sea la organización de eventos.

 

¿Pero sabéis? Mereció –y mucho– la pena. Lo pasamos en grande y conseguí reunir bajo el mismo techo a todos mis Amigos –con mayúsculas–

 

 

 


 

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Cursos, chivatos y el arte de enfurecerse

Los que me son cercanos saben que mi vida es bastante rutinaria. No por qué me guste que así sea, que me gustaría de buena gana poder quebrarla de vez en cuando, si no porque ando metido en la clásica secuencia de “despertar”, “trabajar”, “comer”,”trabajar”,”ir al curso”, “dormir”.

Soy de los que opina que una vida ordenada es mejor, descansas más aunque duermas las mismas -pocas- horas, te organizas mejor, etc… pero tan secuencialmente predecible es horrible.

La diferencia entre, por ejemplo, el martes pasado y cualquier otro martes del año pasado es que existe un elemento más en la secuencia: “ir al curso”.

El curso es para preparar un MCPD de Microsoft, en concreto cuatro módulos para programación web en ASP.NET, que la verdad, me vienen de perlas ya que muy poca maña tengo en esas lides. El profesor era muy bueno, sabía explicar, sabía rebajarse al nivel del más lento e irlo evolucionando para ponerlo a la par de los demás, mientras que a los demás nos metía caña de la buena para que estuviesemos aprendiendo y, mientras ayudaba a los rezagados, enredados. En la manera de dar clases me recordaba mucho a cierto profesor de biología que tuve –más de un lector del blog sabe de quién estoy hablando– que explicaba de tal manera, que aún hoy, casi quince años después –empezó a darme clases en 1º de BUP, con 14 años y ahora voy camino de los 29– recuerdo con claridad absoluta un montón conceptos impartidos durante los cuatro años que me dio clases este profesor.

Eran días en los que ir al curso molaba. Pero claro, se ve que el destino nos tenía preparada una jugarreta:

Al par de semanas de haber comenzado, allá a mediados de enero, un buen día al profesor lo llaman al móvil y sin decir palabra, recoge sus cosas y se va… para siempre. Nunca más volvió. Ni ese día ni en los sucesivos, como el que sale para ir a comprar tabaco y nunca más se supo de él. Se suspendió el curso una semana y nos cambiaron el profesor. El profesor de reemplazo en seguida mostró de que palo iba: nos preguntó por nuestra experiencia y dijo que le parecía increíble que aceptaran a personas con tan poca experiencia y conocimiento a un curso de esas características. A mí el comentario me la resbalaba porque llevo años programando en lo que requerían, pero sé que algún alumno no y me dolió por ellos. Mucho. Acto seguido se sienta, de espaldas a nosotros, enciende un proyector y se dedica a leer diapositivas de un pogüerpoint, leer y leer con voz monocorde. Y claro, me da el sueño.

Yo ya le he pillado el truco. Estiro la antena cuando se que va a dar algún concepto nuevo, me quedo con él –que a final de cuentas es lo que necesito para el día a día: existe el componente X que me va a permitir hacer Y– y luego sigo a mi bola: que arreglo algo del blog, me veo los últimos carteles de cuantarazon.com o continúo escribiendo mi novela aprovechando que he conseguido desatascarme del punto en el que estaba.

El problema es que el curso es desde las 20h15 hasta las 22h45 y suele estar a una media hora andando de donde aparco el coche, más la media hora que me lleva llegar a casa nos plantamos en las 23h45. Vamos que ceno y para cama que al día siguiente hay vuelta a empezar. Así desde mediados de enero.

En fin, un aburrimiento.

 

Esta semana, por otra parte, también ha tenido cosas bastante curiosas. El otro día me llama un cliente, creo que ya os conté en otro post acerca de este personaje y la conversación fue más o menos así:

– Hola buenos días

– ¿Zalo? — La voz suena bajo, de fondo se escuchan ventiladores que me recuerdan a los de una sala de servidores.

– Ah, hola — reconocí la voz al fin –. ¿Dónde estás que te escucho fatal?

– Escondido

– …¿cómo? — mi cara debía reflejar un clarísimo “wtf”

– Sí, verás… tenemos una auditoría y te voy a mandar un email. ¿Vale?

Y yo en casa tengo un paraguas…, pensé.

– Vale… supongo.– respondí extrañado al fin.

– Ok, entonces, pero no te extrañes del contenido del correo. Es más, como si quieres mandarlo directamente a la papelera sin leer.

Aquí empecé a sospechar…

– Vamos que lo único que necesitas es que determinado email figure en tu lista de emails enviados ¿cierto?

– Estoooo….     ….sí.

– Y ese correo que necesitas tener enviado si va a venir dirigido a mí es porque me vas a echar la culpa de algo ¿verdad?

– Si…

– Y además de algo que no os ha causado problemas, pero que si el auditor sabe que lo tenéis los tendréis ¿estoy en lo cierto?

– …..sí.

– Vale. No te puedo prohibir enviar un email.

Y colgamos.

Dicho y hecho, a los diez minutos recibo un email que ponía: “Les remitimos nuevamente el detalle del error que no ha sido subsanado” y otras cositas. Adjunto a éste había un documento de word llamado “Nuevo documento de word 3.doc” que abrí rápidamente mientras pensaba “Eso es tener estilo al adjuntar ficheros”. Sabía con exactitud qué iba a poner. Bingo.

Igual más de alguno se echa las manos a la cabeza o se rasga las vestiduras. Pero os puedo asegurar que la inmensa mayoría de los programas de gestión en donde hay pasta, caja, etc. tienen opciones ocultas… por lo menos aquellos que se desarrollan por encargo –que nadie se ponga a investigar a los del contaplus– y muchas de ellas son relacionadas con Cajas B y semejantes. Esto es tan cierto como que soy programador y más de una vez me ha tocado añadir opciones de ese estilo. El caso que tanto preocupaba a mi cliente es que ellos para cobrar tienen que esperar a que alguien en la administración les diga que sí, que todo está en orden y tras ello se remite a otra parte de la administración que es quien les suelta el parné. En la mayoría de los casos esto es así y así se debe hacer. En otros casos añaden manualmente en la trazabilidad del… papel –dejémoslo ahí– que ha sido aprobado por el primero de los fulanos y se lo remiten al segundo.

Supongo que a estas alturas ya os imagináis el contenido del “Nuevo documento de word 3.doc”. Venía siendo algo así:

Estimado [Z]eta

Os solicitamos nuevamente que corrijáis el error del programa informático que nos habéis desarrollado que permite que cualquier miembro de esta empresa pueda marcar un papel como aprobado sin que éste fuese remitido previamente a la administración.

Si tenéis cualquier duda al respecto, no tengais problema en contactarnos.

Que tenga un buen día y agradecería celeridad en el asunto.

Evidentemente me lo esperaba. Lo que le faltaba al email era “Que tenga un buen día y agradecería celeridad en el asunto (guiño, codazo, guiño)”. Sé que esa opción la tienen, sé que la pidieron ellos, sé que la usan y ahora sé que los han pillado. En fin. No creo que esto nos llegue a afectar a nosotros ya que por mucho que el programa lo permita la responsabilidad final de ponerlo o no sigue siendo de ellos, pero prefiero que me deba un favor, sobre todo este personaje… el de los chivatazos rápidos, letales y el teléfono de mi jefe grabado en el botón “1″ de su teléfono. En fin.

Para ir finalizando, que ya van siendo horas, en el mismo día en que esto sucedió, pero un par de horas antes… a eso de las nueve, esperaba la llamada de un cliente que piensa que es el único cliente de la empresa –bueno, todos los clientes lo piensan, pero este más aún dado que es una delegación de la administración– al que tenía que haberle hecho unos cambios en un programita que tiene.

– Para que veas que no te meto presión: hasta el jueves para terminarlo, que mañana es festivo aquí.

Esto me lo dijo el martes. Gracias, su excelencia por su magnanimidad.

El tema es que yo tuve un miércoles de locos y no pude hacerle nada. El jueves a las 9:07 exactamente (entro a las 9h) me suena el teléfono.

– ¿Qué? ¿Tienes lo mío ya listo?

– Tienes que perdonarme, pero no he tenido tiempo para hacértelo. Espero terminarlo a lo largo del día de hoy, pero para no pillarme los dedos quedamos el lunes a tiro fijo. Te llamo a primera hora y me paso por ahí.

– Bueno, está bien. No te preocupes. Nos vemos el lunes

No me lo puedo creer. Simplemente no me lo puedo creer. No me ha montado un escándalo ni ha puesto el grito allá donde están los precios de la gasolina actualmente. Hoy va a ser un buen día, me dije.

Iluso.

A las 9h21 vuelve a sonarme el teléfono. Al otro lado de la línea una secretaria.

– ¿El sr. [Z]eta?, de la empresa talycual?

– El mismo, dígame.

– Aguarde un momento que le voy a pasar con la Sra. Tiranosaura Administrativus Rex, Jefa de jefes y madre superiora de todos los que trabajan en la administración provincial.  Amén.

Esperé 0.27 microsegundos. Tras tan larga espera escucho un torrente por el auricular: Que como se puede explicar que el programa esté en tan lamentable estado, que si pensamos que son cualquier tipo de cliente, que si como es permitible un programa que hace las cosas a medias, que si tener eso y no tener nada es lo mismo, que como puede ser que no haga tal y cual y mil atropellamientos más con voz firme, autoritaria y tenaz.

Cuando hizo una pausa, que supongo que sería para respirar, repliqué.

Le dije todo con unas formas más que excelentes, los que me conocéis sabéis que soy educado con la gente y los que no pues simplemente creedme que soy un profesional así que no podía ni permitirme decirle sandeces –por muchas ganas que tuviera– ni dejar que me machacara así al teléfono.

Le dije que en primer lugar sí conocía cuales eran las especificaciones originales del proyecto, por que igual algún iluminado de su administración quiso que el programa hiciera esto sí y aquello otro no, dando lugar a una tarea aparentemente incompleta, que por supuesto no eran cualquier tipo de cliente, faltaba más, pero que sus superiores más superiores dieron inicio al proyecto y lo cortaron a mitad y no pagaron. Y así se instaló, porque sus jefes así lo quisieron. Que no estaban pagando soporte ni mantenimiento y aún así se estaba ofreciendo. Y que si tener eso y nada era lo mismo que hable con sus jefes que así quisieron que quedara.

Jodercoñoya….. fue lo que me faltó por añadir.

Me puso de una mala ostia que no os imagináis. De hecho mientras intentaba recordar con exactitud lo que me dijo y lo que le respondí noto como me vuelve a palpitar la vena esta que tengo en la sien que actúa como los chivatos de las ollas exprés.

Al final me dijo que vale, que el lunes después de instalar los cambios fuera por su despacho y le explicara el estado de la aplicación y los motivos. Pero no. No va a ser así. Estoy tan cansado de bregar con ellos y ya me llega con aguantar a usuarios como para enfrentarme con alguien que tiene galones y muchos. Así que le pedí ayuda a mi jefe inmediato. Le conté lo que pasó y se ofreció a ir a hablar él mismo con ella. Uf. Si no fuese porque viene él conmigo el lunes podrían pasar una de tres cosas, y cualquiera de ellas me dejaría jodido:

opción A) Entro en su despacho a grito de “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” La dejo crecerse para no enfadar a un cliente que es importante, le doy vaselina comprada antes de entrar y salgo jodido moral, laboral y anímicamente. Malo.

opción B) Entro en su despacho a grito de “Gerónimooooooo” y estamos durante meses debatiendo a voz elevada sostenida sin llegar a gritos, con palabras y argumentos contundentes, plagadas de puñadas veladas a ver quién de los dos tiene razón. Ella es funcionaria, yo no. Tengo que rendir cuentas a mi jefe por cada minuto así que el tiempo que podría dedicar es limitado. Conclusión: esta opción es también jodida. Malo.

opción C) Entro en su despacho a grito de “¡Pegaso dame tu fuerzaaaaaaaa!” y le parto la cara. Acto seguido me despiden. Malo, pero me voy al INEM jodido, pero sonriente.

Bueno, creo que eso es todo por esta semana. Espero que os haya gustado el post.

Un abrazo

 

 

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Spam pelota, pantalones vaqueros y los pajarillos

Hola a todo el mundo.

Ya le perdí la cuenta a la cantidad de post que he comenzado de igual modo: Hace un montón que no escribo, que si he estado muy liado, que si no se qué, que si no se cuanto. El problema es que no tengo tiempo, apenas un ratito al día libre para mí… y ese breve espacio de tiempo es el que me paso tirado en la cafetería después de comer antes de entrar de nuevo en el trabajo, y claro, prefiero desconectar con un libro –actualmente estoy leyendo “El tiempo entre costuras” de María Dueñas, os lo recomiendo– que sacar el portátil y ponerme a escribir… aunque tenga bastante mucho “mono” de escribir.

En fin, finalizada la disculpa oficial y el párrafo de quejidos comunes es hora de entrar en materia.

Es sábado, temprano y aún así he llegado tarde. Esa media horita que me quedé en cama demás –tenía que haber salido de casa a las 5h15 y salí a menos cuarto pasadas– no ha servido sino para decirle a mi cuerpo que en cama se estaba de cojones. Así que aquí estoy, picando teclas para no dormir.

Abrí el navegador, tecleado la dirección, escrito mil veces mal la contraseña y, cuando al fin consigo loguearme, me doy cuenta de que tengo varios comentarios en la sección de spam. No suelo pararme a leer el spam. No necesito comprar viagra ni oxycodina, pero debe ser que la neurona de momento no me da para más y me puse a observarlo con cierto detenimiento.

Básicamente puede haber tres clases de spam en la bandeja de comentarios de un blog: el proxeneta, el contrabandista y el pelota.

El spam-proxeneta es el que te promete enlaces a páginas cargadas de famosos y famosas como la madre los trajo al mundo y enlaces a páginas donde hay más tetas que en una fábrica de prótesis mamarias. Curiosamente,y en contra de lo que dicta toda lógica en internet, no es precisamente el tipo de spam más frecuente. Quizá deba escribirle a un amigo bloguero que tengo por ahí y que dice que el problema de este país es que se folla poco… igual la gente empieza a estar servida y no hace falta tanta publicidad. Quizá se haya resignado, dirá mi amigo. Vayaustéasaber.

El segundo tipo es el spam-contrabandista. Si las letras en pantalla tuviesen voz y cuerpo, estarían escondidos en la parte más oscura y poco transitada de la pantalla y al pasar el puntero por la cercanía de su dominio te susurrarían “pssst… ¿necesitas viagra? ¿oxycodina? te la consigo por cuatro perras y te la mando a casa” a la vez que abrirían su abultado chaquetón  mostrando un m0ntón de enlaces colgando. Este quizá sea el tipo de spam más habitual, por lo menos en mi blog.

Por último, y como novedad novedosa recién llegada, el tipo de spam más curioso: el spam-pelota.

El spam pelota no va a publicitar nada directamente. Simplemente es un comentario que te dice en español de google –que está más de moda que el cervantino– cosas como “hey me gusta un mucho tu artículo. Necesitaba esa información muy bastante. Seguiré tu blog” o preguntandote cómo hacer algunas cosas en tu blog que tiene todo el mundo y, curiosamente, yo no tengo en el blog. En fin. La mayoría están en inglés o un castellano muy muy muy requete simple, lo suficiente como para que algún traductor automático lo pueda traducir sin meter mucho el zueco.

¿Donde está el truco? No venden nada, no publicitan enlaces o al menos directamente. El tema está en el nombre que se ponen, o la URL que indican para el comentario o simplemente la dirección de correo. El incauto que responda qué utilizó para mostrar los últimos comentarios –porque siempre te piden que respondas a su email– que se prepare para recibir hordas y legiones de spam-proxenetas y spam-contrabandistas, porque obtendrán una dirección de email válida, activa y cuyo dueño responde a correos y comentarios sin pensarlo demasiado.

En fin.

Siguiendo con la entrada, quisiera dedicar unos segundos a la reflexión y mostrar mi más sentido afecto a los pantalones vaqueros. A los jeans de toda la vida. Ese tipo de pantalón que es prácticamente eterno. Como mi pantalón vaquero gris ceniza que antaño era más oscuro que los cantantes de los Platters. Era negro, negro, negro. Además, es la prenda de vestir que más se adapta independientemente de la situación, moda o circunstancias. Un mar de ventajas, vamos. A saber las más destacadas:

- No es necesario subirles el dobladillo: Puedes doblarlo un poco hacia dentro y listo… o mejor ni te compliques, deja que se arrugue sobre las zapatillas que queda molón.

- No hace falta plancharlo. Al rato de estar sentado en cualquier sitio y haber caminado un ratito, estará perfecto.

- Ainssss, que rabia se me ha roto el pantalón en la rodilla-pantorrilla-culo-canilla-lateral-dobladillo (elíjanse las que se prefieran). ¡No importa! Ya nos enseño Bon Jovi a mediados de los noventa que se puede llevar un pantalón vaquero roto, lo que se dice roto de verdad, y aun así seguir molando.

- El color del pantalón no te acaba aburriendo. Con el paso del tiempo irá mudando y acabará siendo de un color totalmente diferente al que tenía originalmente.

Y al final de los tiempos, cuando ya esté de verdad para tirar… ¡Siempre puedes usarlo para trabajar en casa!

Si es que son todo ventajas, por algo Chuck Norris siempre va en vaqueros.

¿Por qué os cuento todo esto? Porque van a desparecer. Al menos tal y como los concebimos actualmente. En breve serán más cortos, aproximadamente a media canilla, dejando a la vista toda suerte de calcetines. Es más que probable que el gobierno ante la constante subida del precio del algodón –ha duplicado su precio en la última década– decida aplicar medidas restrictivas para fomentar el ahorro y ¿cómo se puede reducir el coste de los vaqueros? O los hacemos de esparto o recortamos la cantidad de tejido empleado. Disparatado, dirá más de uno… ¿pero qué diferencia hay con respecto a lo de los 110 km/h?

Por último y ya finalizando, no se si recordaréis que hace algún tiempo había escrito un post acerca de las redes sociales. No, no me hecho un facebook… pero me hice un twitter. No estoy enganchado –que lo dejo cuando me de la gana… pero ahora mismo no quiero :P –. Me parece una forma más que buena de estar al día y estar en contacto con gente. Lo primero porque sigo los tweets de la Nasa, Punset, agencias de noticias, de alguna web de ciencia y tecnología y lo segundo porque a pesar de que relativamente poca gente cercana mía usa twitter acabé por seguir a un pequeño grupo de gente que en 140 caracteres muestran su forma de ver las cosas que les suceden y observan. Resumidas cuentas: telegramas de la propia vida.

Una cosa que me pareció supercuriosa es que las redes sociales han evolucionado tanto que han desarrollado sus propias costumbres y usos. Por ejemplo, es frecuente que los viernes se haga un #FF, hashtag –etiqueta– de Friday Follow. Un #FF viene siendo que tú recomiendas a otros usuarios que sigan a determinadas personas perpetuándose y densificándose la red social… lo cierto es que gracias a estos #FF he comenzado a seguir a gente que me cae bastante bien o, al menos, todo lo bien que te puede caer alguien en 140 caracteres por mensaje.

Después está el retweet, que viene siendo algo como “pasa la voz” con lo que muchas veces el que busca o necesita algo acaba encontrando lo que necesita. “Busco piso en Villarrepujada de Torondia. Porfa RT –siglas de retweet–” entonces se va corriendo la voz entre un montón de personas y alguna puede acabar ofreciéndote la solución. Ya he visto de los más dispares, desde causas sociales o médicas hasta soluciones a algún problema de trabajo.

No sé. Los que me conocéis sabéis que yo siempre he sido muy reticente a usar esto de las redes sociales, pero en Twitter, como el concepto es radicalmente diferente al de facebook pues me ha gustado.

Si alguien tiene o se hace un twitter mi usuario es @zalorc

Ale, nos seguimos :)

PD. Buscad “241543903” en google images y alucinad.

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Nuevo año, ametralladoras y la supervivencia

Aquella enorme lata en la que nos encontrabamos se sacudía violentamente contra las olas. La espera había sido larga, pero recorrer aquellos últimos metros parecía demorar más tiempo todavía. Oíamos silbar las balas por encima de nuestros cascos y alguna que golpeaba las paredes de la barcaza. Nos tenían ganas y nos estaban esperando.

Dirigí una mirada fugaz a mi alrededor a mis compañeros. Algunos estaban más nerviosos que yo, otros, más experimentados, revisaban sus armas y se preparaban ante lo inevitable.

Finalmente un estruendo bajo mis pies nos indicó que habíamos llegado y, antes de que nos diesemos cuenta, los portones de la barcaza cayeron sobre la límpida arena de la playa. Los dos hombres que se encontraban en primera fila recibieron la primera descarga de las ametralladoras de las trincheras que se veían al fondo, sobre las colinas que dominan la playa. Pobres. No tuvieron tiempo ni de reaccionar siquiera, pensé mientras saltaba por encima de ellos para inmediatamente echar el cuerpo al suelo e intentar arrastrarme hacia un lugar seguro.

Poco a poco me fui separando del grupo principal con un compañero, mientras los demás iban dirigiéndose hacia los objetivos designados. El nuestro eran dos búnkeres situados a la izquierda, sobre un saliente rocoso. Al alcanzar una pequeña roca que nos servía de parapeto, nos sentamos apoyando la espalda sobre ella y observamos la suerte que estaban corriendo nuestros compañeros: aquello era una masacre. Las ametralladoras del enemigo escupían miríadas y miríadas de balas que impactaban sin cesar sobre las posiciones en las que se encontraban refugiados. Mi compañero hizo el gesto de querer ayudarles pero le puse la mano en el hombro y le dije:

– Tienen que arreglárselas solos. Tenemos una misión que cumplir.
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Explosivos, la sala de urgencias y los 360 segundos

Hasta hace unos días estuve viendo una serie en la que uno de los malos era capaz, a través de la alquimia, convertir a las personas en explosivos utilizando el azufre, mercurio y otros elementos presentes en nuestra fisionomía… lo cual demuestra totalmente lo retorcido que es el ser humano.

No. No me refiero al hecho de que este personaje de ficción se gane la vida haciendo méritos para que los talibanes lo fichen en su equipo como delantero centro, ni que el autor haya sido lo suficientemente retorcido como para idear un personaje así… sino que quiero poner de manifiesto la capacidad que tiene el ser humano para complicarse la vida, ya que aunque existan formas sencillas de resolver un problema nosotros siempre buscamos los tres pies al gato. Definitivamente no tenemos remedio.

Todo comenzó hace unos días. Ocho para ser exactos. Pero no fue hasta el miércoles en que me percaté claramente del plan terrorista que mi cuerpo estaba planeando en contra de mi persona.

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