Capítulo 1. Ira.

(v.1)

París. 13 de octubre de 1307.

Poco a poco mis ojos se fueron acostumbrando a la penumbra reinante en la gran estancia. Tan sólo una docena de antorchas dispuestas en círculo en el centro de la habitación evitaban que ésta fuese completamente engullida en la oscuridad. Sabía que se trataba de una bóveda porque así me lo había indicado mi maestre, Guillome Duvan, antes de conducirme por los laberínticos pasillos de las catacumbas de París. ¿Quién iba a siquiera pensar que en las entrañas de la capital del reino habría semejante estancia?

Cuando por fin me acostumbré a la oscuridad de la sala, pude observar que el suelo combinaba zonas arenosas con grandes losas de piedra gastada por quién sabe cuantos años de caminar sobre ellas y que entre antorcha y antorcha había un caballero con la mirada baja y una rodilla en el suelo un par de metros por fuera del círculo descrito por las teas. Seguimos internándonos en la estancia hasta alcanzar el borde de aquel círculo ígneo. Mi maestro se detuvo un par de pasos antes que yo y adoptó la misma postura que los demás caballeros. Inconscientemente, al verlo arrodillado, también inqué mi rodilla en la arena.

– ¿Se puede saber qué hacéis? — me recriminó en voz baja — Creí que ya lo habíamos repasado varias veces, caminad al centro del círculo.

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La esperanza y otras cosas…

La esperanza es el sueño del hombre despierto.

Recuerdo, cuando era niño, que la víspera de cada seis de enero, por la noche, esperaba al lado de la ventana de mi habitación, que daba al patio exterior, albergando la esperanza de poder ver a los Reyes Magos y contárselo a mis amigos. Me quedaba esperando, primero de pie, luego sentado, y ya finalmente, cuando el sueño me vencía, apoyaba mi cabeza sobre el frío cristal, hasta que finalmente el sueño vencía la batalla.

Año tras año se repitió la escena, siendo cada vez más corta la aventura , hasta que un mal año me di cuenta de que ya no albergaba esperanza, con lo cual, dejó de tener sentido esperar por alguien que nunca llega, aunque venga desde tan lejos.

Sin duda, como dijo Lorca, el más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta.

Pasaron los años, y el dolor de la esperanza muerta fue remitiendo con el devenir de la madurez.

Mi esperanza quedó soterrada en un viejo cofre del que había extraviado la llave, y así habría permanecido eternamente de no ser porque en otro mal día, cierto narrador, de nombre Gonzalo, a cuya ilustre prosa sólo hace sombra la escasa honestidad de su palabra, prometió hacerme partícipe de su más genuina creación: una novela sobre piratas.

Prometió el narrador enviar a mi correo personal las primeras treinta y cinco páginas de su primera novela, y fue entonces que volví a recuperar aquella vieja esperanza de ver cumplidos mis deseos de ver llegar aquello que tanto anhelas tras la espera.

Fue así entonces que consulté día tras día mi correo, hasta que finalmente, otro mal día, ya cansado de esperar, me di cuenta de que el tal Gonzalo tenía menos palabra que un telegrama.

Zalo: ¿dónde coño está la novela? Cabronaazooooo. Xd.:)))

Grave vulnerabiliad

P

uede que esta sea mi última entrada “pers-se” en este Blog, puesto que dentro de poco tendré el mio activo (Zalo, tenemos que ver como hacer para configurar una publicación automática desde mi wordpress) el caso es que hoy escribo para contaros de una Gravísima vulnerabilidad en sistema unix, como puede ser cualquier linux, macOs, open BSD o FreeBSD y de la comparación a windows.

E

n concreto han detectado que bajo ciertas circunstancias, un supuesto atacante puede obtener partes de una clave criptográfica privada RSA de 1024 bits creada por la librería Open SSL. Bien para que sepais qué es eso de Clave privada y clave pública, una pequeña explicación con un ejemplo: La criptografía RSA se basa en un par de llaves, una pública y una privada, de esta manera yo encripto o Firmo (firmar es el proceso de encriptar un contenido conocido tanto por el emisor como por el receptor, para comprobar la validez de las llaves) un mensaje/contenido con mi clave privada, y el receptor ha de tener mi clave pública para poder desencriptar el mensaje. Notar que sólo la clave pública es quién de desencriptar el mensaje que ha sido encriptado con la clave privada. Este proceso también funciona a la inversa, de la manera que el receptor puede encriptar un mensaje con la clave pública y solo el poseedor de la clave privada podrá desencriptarlo.
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